viernes, 7 de septiembre de 2007

RESCATANDO LA MEMORIA

Discurso pronunciado en el acto por la memoria realizado en la Universidad Arcis el viernes 7 de septiembre

No queremos rescatar la historia para vivir pegados al pasado, lo que queremos rescatar es esa experiencia de trabajo que realizamos con tanto cariño y pasión, donde la solidaridad tenía un verdadero significado, queremos rescatar la alegría de vivir; esa que provocan los cambios destinados a satisfacer a las grandes mayorías; como sentíamos que estábamos llevando a cabo en los años 70.

Muchos no quisieran oír hablar más de lo que pasó en Chile; quieren borrón y cuenta nueva. A esta frase se le da extraordinario énfasis y se torna reiterativa cuando sabemos que los poderes dominantes no perciben la importancia de hablar, la importancia de escuchar, menos aún la importancia de pensar y participar.

Muy a nuestro pesar, aún persisten las tensiones; es necesario entenderlas y enfrentarlas.

Las heridas que tenemos, no diré como algún poeta que las convertiremos en rosas, o mariposas; las heridas fueron grabadas a sangre y fuego en nuestro cuerpo y en nuestra mente; pero no son impedimento para mirar hacia adelante con optimismo, porque los sueños de ayer, son los sueños de hoy, porque estamos seguros que una vida mejor es posible. La derrota de ayer, nos dejó una tremenda enseñanza, es una experiencia que tenemos que atesorar para no cometer los mismos errores.

Si hay algo sin embargo, que no olvidaremos, es esa alegría que nos embargaba en el trabajo cotidiano cuando nos sentíamos partícipes de la construcción de un Chile nuevo; nunca hubo tanta música, canciones, tanta pintura; tanta risa, tantas emociones. Es eso principalmente lo que queremos transmitir ante la tristeza que vemos hoy; cuando los jóvenes no se sienten escuchados, no se sienten interpretados, y muchos caen irremediablemente en el alcoholismo y la droga. Una sociedad donde a los jóvenes aún con título profesional solo se les ofrece la posibilidad de ser vendedores de ilusiones que nunca llegan a cumplirse.

Nosotros les decimos, tomen su destino en sus propias manos, construyan algo nuevo, exijan ser tratados con dignidad y verán como la alegría brota por si misma; construyan un nuevo horizonte; no se queden con la frustración de que nada es posible y verán como se abren las nuevas alamedas; sean ustedes el hombre nuevo que profetizó Salvador Allende en su último discurso a la nación.

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Es necesario precisar que nosotros estamos estudiando en momentos en que muchos están pensando en descansar; nos llegó tarde la reparación; lo que conseguimos fue fruto de nuestra lucha, no es un regalo de nadie; pero era obligación nuestra exigir este derecho, no nos podíamos negar a esta posibilidad de acercarnos al saber.

La elección de esta casa de estudios no es debida al azar; es una elección pensada con criterio maduro, y reflexivo. Si estamos aquí es porque queremos contribuir con nuestra experiencia, con nuestro ánimo cada día renovado a hacer que esta Universidad, que aún siendo privada se acerque en los hechos a una Universidad Pública; queremos mejor coordinación; mejor y más rápida información. Estamos dispuestos a poner nuestra experiencia de vida a disposición de quien lo requiera para avanzar en este sentido.

Que candidatos nuestros se hayan presentado al Consejo Universitario Superior no es una casualidad; en nuestro caso es un compromiso. No se trata de tener representantes solo para llenar cupos; lo que queremos son representantes que trabajen en consecuencia; que logren un mayor acercamiento con todos los estamentos, estudiantes, académicos y administrativos; que le pongan el hombro como lo hicimos en los tiempos de la UP y también durante la dictadura, para derrotar a Pinochet. Juntos tenemos que lograr que la apatía, descontento, indiferencia, que reflejan los bajos resultados de la participación en las urnas sea revertido. Queremos que cada uno sienta que esta Universidad le pertenece, pero no para destruirla; sino par hacerla cada vez más grande, más importante, verdaderamente reconocida, sintámonos en fin orgullosos de ser Arcianos. Todos en cualquier instancia, tenemos que aprender a escuchar, … y también a dar respuestas.

Hagamos más grata nuestra estancia en esta casa de estudios; no la queremos grande solo a nivel académico, también desde el punto de vista humano. No es posible que en invierno profesores y estudiantes estemos literalmente congelados sobre todo en las actividades vespertinas por falta de calefacción; no es posible que algunas carreras no cuenten con presupuesto para proporcionar ayudantías para los cursos vespertinos. No es posible que los alumnos que cuentan con becas alimenticias tengan una atención de mala calidad. Situaciones como éstas tienen que revertirse. Nos merecemos un entorno más amable y de creciente humanidad.

No podemos dejar pasar lo que sucedió el año 2006; durante el relevante movimiento llamado de los “pingüinos”, en lugar de estar con ellos, estábamos insertos en un conflicto interno que no debería haberse prolongado como sucedió ni haber tenido las consecuencias nefastas, que no podemos negar, tuvo para todo el universo Arciano. ¿Dónde estaba nuestro compromiso político y nuestra solidaridad ?.

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Pero volvamos a la historia que hoy nos convoca; recordemos que en la época de los 70 era imposible no estar conectados con la Unidad Popular, niños, jóvenes, mujeres, trabajadores, pobladores, estudiantes, campesinos, participábamos en las marchas, las “concentraciones,” existían los trabajos voluntarios para arreglar escuelas, plazas y nosotros íbamos a todo eso. Como no recordar los murales y los afiches de la UP, “póngale el hombro compañero”, los festivales de canto en colegios, en sindicatos; los torneos deportivos entre barrios. Los padres llevaban a los hijos tanto a las manifestaciones como a los trabajos voluntarios. Era de verdad una alegría de vivir, alegría de construir un mundo nuevo.

El cambio cultural que produjo la llegada al poder de Salvador Allende fue notable. Me quiero referir sin embargo a la iconografía, incluyendo billetes y monedas, donde figura por ejemplo la nacionalización del cobre en 1971. Nuestra revolución a la chilena exaltó las representaciones alegóricas de los caciques mapuche Lautaro y Caupolicán, las figuras independentistas de Manuel Rodríguez y José Manuel Balmaceda, los padres de la patria José Miguel Carrera y Bernardo O’Higgins.

Pero más allá de las imágenes, esto hay que interpretarlo desde el punto de vista histórico como de ruptura con un pasado de dependencia. Sin duda el caso más emblemático, fue el billete de 500 escudos, con la representación del minero de cobre de Chuquicamata conmemorando la nacionalización del cobre, a lo que se suma la leyenda: “No debemos consentir que esta rica y vasta región sea convertida en una simple factoría extranjera” (palabras del presidente José Manuel Balmaceda, derrocado en 1891). En otros billetes se cita el Canto General de nuestro Premio Nobel de Literatura, Pablo Neruda: “Dijiste libertad antes que nadie, cuando él susurraba de piedra en piedra escondido en los patios humillados” (cuando el poeta invoca a José Miguel Carrera).

Paradojalmente hoy, insertos en un mundo mercantilista, nuestras figuras históricas se utilizan para incentivar al consumo, el acceso fácil al dinero plástico; medio por el cual, entre otros, la burocracia dominante se asegura una sociedad “tranquila” sin capacidad de convocatoria, sin posibilidad de protestar ni menos de hacer huelgas.

No podemos dejar de lado el tema de la educación que es donde estamos hoy interactuando, para recordar que durante la década de los sesenta y hasta principios de los setenta, el país venía desarrollando importantes esfuerzos por superar su retraso en esta materia. Ello culminó durante el Gobierno de la Unidad Popular, cuando el gasto público en educación alcanzó máximos históricos. Ese ministerio tuvo el porcentaje más alto del presupuesto nacional con un promedio de 20%. Los resultados obtenidos demuestran que esa preocupación preferente por la educación tuvo un enorme éxito.

En las escuelas de educación básica, se aseguró matrícula para el 100% de los niños en la edad correspondiente, los que recibían atención médica gratuita, desayuno y almuerzo escolar. En la educación media, se dio satisfacción a la demanda de ingreso en términos que, en proporción a la población del país, nunca se había registrado un mayor número de jóvenes cursando ese nivel de enseñanza. Paralelamente, se incentivó el funcionamiento de cursos de alfabetización y perfeccionamiento de adultos (El número de alumnos adultos no universitarios subió de 126.776 en 1970 a 593.698 en 1973), se sextuplicó el número de esos alumnos en menos de tres años.

En la educación superior, se amplió considerablemente la capacidad de matrícula en las Universidades. (En 1970, el número total de alumnos universitarios era de 79.000. En 1973 aumentó a 158.347). Pero lo más importante, se hizo un gran esfuerzo por cambiar la condición esencialmente elitista y clasista que caracterizaba la educación universitaria en Chile. Una encuesta de 1962 -que Allende citó en varias ocasiones- mostraba que el 98% de los alumnos de la Universidad de Chile, (principal plantel de enseñanza superior) pertenecía a las clases altas, solamente el 2% eran hijos de obreros y no se registraba ningún hijo de campesino.

Para revertir esta situación, se adoptaron diversas medidas, entre otras, un fuerte aumento en las becas y subvenciones. Un gran aporte en este sentido, fueron los convenios celebrados entre la Central Única de Trabajadores (CUT) y algunas universidades, especialmente con la Universidad Técnica del Estado, como también, los cursos vespertinos y nocturnos preuniversitarios dictados en centros industriales y mineros. Producto de este esfuerzo, la situación comenzó a cambiar. En 1973 por ejemplo, el 48% de los alumnos de la Universidad de Concepción provenía de familias de escasos recursos económicos; no es de extrañar entonces, que fuera precisamente ese plantel el primero y el más afectado por la política educacional implantada después del golpe.

No está demás recordar que la educación se desarrollaba en un ambiente de plena democracia. En la enseñanza media, los estudiantes elegían libremente sus Centros de Alumnos, y a partir de la dictación del Decreto de Democratización de la Enseñanza, los Presidentes de esos Centros podían participar en las reuniones de los Consejos de Profesores y Centros de Padres y Apoderados. Las diversas federaciones estudiantiles tenían acceso directo al Ministerio para plantear sus puntos de vista, algunos discrepantes, pero a todos se les escuchaba, y se respetaban sus opiniones.

Es eso justamente, lo que queremos lograr para esta Universidad.

Por último, no es asunto menor recordar que en esa época la enseñanza básica, media y superior impartida en planteles fiscales era gratuita, y que los colegios y universidades particulares recibían una importante subvención del Estado, permitiendo matrículas más accesibles. Pero este no es un logro del Gobierno de la época, sino el legado de un pasado, motivo de legítimo orgullo para todos los chilenos. En Chile, la gratuidad de la enseñanza se mantuvo durante gobiernos de derecha, de centro y de izquierda y sólo se suprimió con la dictadura militar.

Frente al panorama que presenta hoy la educación en nuestro país, no estaría demás plantearnos como un desafío, estudiar la factibilidad de recuperar ese aporte del pasado y que la educación pudiera volver a ser gratuita, contribuyendo en forma real y efectiva a que comience a ser realidad lo que tantas veces se ha dicho, en orden a que la educación es un derecho de todos y no el privilegio de los que pueden pagarla.
En el período dictatorial el gasto público en educación sufrió un brutal deterioro. (En 1975 se redujo en términos reales a un 55.4% de los niveles alcanzados en 1972 luego de una recuperación parcial a principios de la década de los ochenta, volvió a deteriorarse de manera que en términos reales, en 1990 nuevamente estaba en un 64.8% del nivel alcanzado en 1972).
Llama la atención que dicho deterioro histórico no sea puesto de relieve en el debate actual, en el cual la unanimidad de las fuerzas políticas se pronuncia decididamente por aumentar los esfuerzos del país en el terreno educacional.
A partir de 1981 el sistema educacional se privatiza significativamente, tanto desde el punto de vista de la propiedad y gestión de los establecimientos; la forma de subsidio estatal, de la oferta se traspasa a la demanda; como desde el punto de vista del gasto en educación, donde las familias asumen un costo determinante.
Pero, que podíamos esperar de un régimen autoritario que nunca respetó los derechos de los ciudadanos. Si a partir del día 11 de septiembre de 1973 cayó la noche sobre nuestro pueblo; se puso en vigencia el toque de queda. Las proclamas y las marchas empezaron a copar el dial y la televisión quedó sometida a una férrea censura; al mismo tiempo se instaló la desinformación y controvertidos rumores corrieron por doquier; muchos sufríamos el desgarro de los sueños truncados y también el miedo.
Ese día; luego de más de 6 horas de heroica resistencia al cobarde y alevoso ataque terrorista de las tropas del batallón blindado del ejército, al fragor de la resistencia, nuestro compañero presidente nos heredó; fusil en manos, lo que sería su legado patriótico; que constituye sin lugar a dudas una lección moral, contra aquellos sectores que estaban en sus casas esperando, para con mano ajena recuperar sus granjerías y privilegios; pero al mismo tiempo fijarnos desafíos para el futuro revolucionario. Las tropas terrestres no se la pudieron y los fascistas se vieron obligados a utilizar la aviación para bombardear la casa de la República. El Palacio de la Moneda en llamas marcó el inicio del genocidio; los hombres de armas de nuestro Chile, salieron a la calle a asesinar a su propio pueblo.
En los días y meses que siguieron, miles de personas eran detenidas, miles de personas se asilaron. El primer objetivo de la junta militar era la captura y la eliminación de los miembros del Dispositivo de Seguridad Presidencial (GAP); enseguida venían las personalidades del gobierno y las direcciones de los partidos de la UP, principalmente comunista, socialista y MIR.
Pero la represión se extendía también sobre las organizaciones de izquierda, obreras y populares. Había que destruir las organizaciones de trabajadores, sus militantes y activistas obreros, había que liquidar las organizaciones del movimiento estudiantil, poblacional, de los trabajadores del campo.
El Estadio Nacional, el Estadio Chile, y otros estadios en Provincias, en los buques de la Armada, en la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes y en otros recintos, a partir del mismo día 11 se empezaron a aplicar sistemáticamente diversas formas de tortura, las que se fueron refinando y diversificando en las semanas y meses siguientes. De los golpes se pasó a las descargas eléctricas, de las picanas al soplete, del quebrantamiento de huesos a las violaciones consecutivas, incluso con intervención de animales.
En los extramuros de las poblaciones populares y en los barrios, miles de agentes y colaboradores de los aparatos de seguridad procedían a hacer allanamientos; tratando de desarticular las redes clandestinas de la “resistencia” e impedir cualquier intento de rebelión.
Las mujeres fueron de las primeras en organizarse, ellas comenzaron prontamente a enfrentar la dictadura; la tarea del momento era saber que pasaba con los detenidos; se organizaron las búsquedas; golpeando puertas, denunciando; visitando cárceles y estadios. Hubo que articular ciertos tipos de organizaciones diferentes de las tradicionales; era indispensable que hubiera creatividad, audacia, y coraje.

Luego se crearon los organismos de derechos humanos, se organizaron para denunciar la represión y la violencia de la dictadura. Las ollas comunes, fueron una forma de solidaridad de clase que unió a las mujeres de nuestro pueblo para poder subsistir.

Las direcciones clandestinas de los partidos también trataban de articular un trabajo desde las sombras. Gente con experiencia y muchos jóvenes participaron en estas tareas. Muchos vivieron ilegales durante años saltando de una casa a otra, cambiando de aspecto y de ciudad. Algunos nunca salieron del país y vivieron todo el tiempo que duró la dictadura en la clandestinidad.
A medida que pasaban los años y la dictadura avanzaba en su política de terror y de impunidad, se empezaron a ganar nuevos espacios, a veces las organizaciones eran talleres literarios o de pintura, cursos de costura y tejido; y diversas otras manifestaciones hasta llegar a las protestas callejeras a comienzos de los 80. Mientras estas se desarrollaban y pese a la represión, aparecían jóvenes de ambos sexos haciendo rayados y murales.
Muchos cuadros clandestinos se hicieron poco a poco públicos legitimándose a través de las organizaciones de masa, fundamentalmente en el ámbito gremial y sindical; recordemos huelgas de Pizarreño, Madeco y la de Colbun Machicura en 1983 que marcó un hito. Paralelamente otras organizaciones llevaban a cabo huelgas de hambre esencialmente al amparo de la Vicaría de la Solidaridad, creada en enero de 1976 y cuyo rol fue esencial en la defensa de los derechos humanos.
A partir de los años 80 se pusieron en marcha nuevas formas de lucha. Se pusieron en marcha entrenamientos paramilitares orientados a atentados menores: bombas en postes de alumbrado y de teléfonos, bombas de ruido en dependencias públicas, boicots, sabotajes, propaganda armada, disturbios callejeros, barricadas.

En el exilio, la gente se organizó desde el primer momento recabando la solidaridad de los pueblos. El trabajo fue esencialmente de denuncia pero también económico; había que sostener el aparataje clandestino; las familias no podían quedar sin sustento. Muchos de los exiliados fuimos expulsados del país, algunos después de varios años de estar confinados en centros de detención y tortura, muchos no soportaron esta extradición forzada; algunos vivieron con las maletas listas durante años; algunos desafiaron al destino como lo hicieron los compañeros de Neltume, que ingresaron a integrarse a la resistencia, siendo atrapados y asesinados.

Tras el desmantelamiento de las organizaciones clandestinas, donde se cuentan muchos compañeros aún desaparecidos; se logró articular una política de rebelión popular impulsada por el PC la que culminó con la creación del FPMR. Su creación se hizo pública en diciembre de 1983 con un atentado múltiple que derribó varias torres de alta tensión y dejó a oscuras a gran parte de la zona central del país.
Muchos de sus integrantes –en su mayoría hijos de ejecutados políticos o de detenidos desaparecidos- estaban preparados para labores de propaganda, agitación y entrenamiento para la aplicación de sólo algún grado de fuerza militar. Esta organización estuvo desde sus inicios formada por compatriotas de variados rangos profesionales y de experticias diversas: medicina, ingeniería, oficiales militares, sub-oficiales, combatientes, profesionales, zapadores, con una red de apoyo en la base social como nunca antes se había visto y una cantidad no desestimable de combatientes que asumieron el compromiso de disputarle a la dictadura en su mismo terreno.

Pasar a otro estado de la lucha contra la dictadura fue un proceso ideológico, donde se debatieron concepciones y diseños estratégicos, producto de la derrota de proyectos políticos que aspiraban a las transformaciones sociales dentro de un marco de confrontación entre Capitalismo y Socialismo.

Junto con el FPMR, se crearon otras brigadas (Lautaro, ..) A todos ellos el régimen militar les dio la categoría de terroristas; categoría que en rigor compartíamos todos quienes éramos ideológicamente contrarios a su gobierno.
Entre 1983 y 1986, el FPMR realizó cientos de acciones de variados tipos y diversas magnitudes, orientadas a asumir la vanguardia de una rebelión popular generalizada. La operación decisiva debía ser la que se transformó en el fracasado intento de matar a Pinochet en una emboscada en el cajón del Maipo, el 7 de septiembre de 1986.
Muchos de nosotros somos sobrevivientes de una o varias de las tantas acciones de resistencia que se llevaron a cabo en los largos 17 años de dictadura, durante los cuales se cometieron graves atropellos a los derechos humanos, los que aún tienden a ser ocultados en Chile, donde las leyes de impunidad y de silencio contribuyen a la "mala memoria" del país. Alguien dirá que somos sobrevivientes de una locura; tal vez; pero es una locura de amor por un pueblo llamado Chile.
La memoria colectiva es negada, especialmente la de las víctimas. La ley conocida como Valech” garantiza un silencio de 50 años a los torturadores; quienes andan libres, en trabajos muy bien remunerados y a nivel de gobierno a algunos incluso se le concedió el beneficio de los exonerados.
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El dolor permanece omnipresente, es una herida que el tiempo no puede cicatrizar, pues la memoria permanece en un tiempo suspendido, donde los acontecimientos y los ausentes están eterna y profundamente presentes. Por eso, no podemos terminar, sin honrar con nuestro recuerdo la memoria de nuestro compañero Presidente Salvador Allende; como la memoria de aquel niño que no alcanzó a nacer, que murió en el vientre de su madre torturada; la memoria de los caídos del campo y de la ciudad; del obrero, del estudiante, del profesional, de la mujer y los niños que también murieron, la memoria de tantas familias donde quedaron hijos huérfanos; que quedaron sin el padre, sin la madre, a veces sin ambos, nuestro homenaje a aquellos que aún esperan, que buscan la verdad y claman justicia.


PORQUE UN MUNDO MEJOR ES POSIBLE, PORQUE AUN TENEMOS SUEÑOS, PORQUE PARA LOGRAR TRANSFORMAR ESTA SOCIEDAD ENFERMA, TENEMOS QUE SEGUIR TRABAJANDO, ESTUDIANDO, CREANDO, QUERIDOS COMPAÑEROS.


Carmen Pinto
Frente de Expp. U. Arcis
Septiembre 2007


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